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Alberto Velásquez Martínez
Columnista

Alberto Velásquez Martínez

Publicado el 16 de noviembre de 2022

Cien días de populismo

Ayer se cumplieron 100 días de haberse iniciado el gobierno Petro. Diversos medios de comunicación hicieron un riguroso balance sobre su gestión. Destacaron aciertos y desplantes. Y constataron la certeza inocultable de que Colombia ya tiene matrícula en el club de los once gobiernos de izquierda y populistas de América Latina.

Si bien es cierto que la mayoría de las encuestas arrojan una aprobación de su gestión en los primeros cien días de mandato, le podría dañar el regocijo la de Invamer Gallup, que arroja una pérdida de 20 puntos en su aprobación, al duplicar en dos meses la opinión negativa, del 20 al 40 %. En el panorama nacional aparecerán más sombras si persiste en más promesas que en gestión, en más retórica desordenada que en rigor metódico.

Su gran ventaja es que cuenta con un Congreso mayoritario que lo apoya como una aplanadora, triturando las pocas voces de la oposición. Pero cuando la luna de miel se vaya agotando por el incumplimiento de sus promesas y las gentes comiencen a sentir en sus bolsillos el impacto de los tributos, de la inflación y el desempleo, ya se verá cómo se comportarán las encuestas. Y con mayor rigor podrá entrar el desencanto a medida que pasen los meses y aquellos ilusionados que con esperanza miraban su redención en la multiplicidad de subsidios, se percaten de que estos no llegaron, y si lo hicieron, fueron disminuidos. Agotados los recursos de la reforma tributaria, no habrá tanto dinero para llenar las aspiraciones populares.

Tal panorama fiscal podría llevar a desbocar el gasto público para calmar el desasosiego. Y para ahogar la protesta de los frustrados, nada de extraño sería que antes de terminar su cuatrienio presentara otra reforma impositiva, no fácil de aprobarse en el Congreso, porque los parlamentarios ya habrán comenzado a voltear sus ojos ante el que podría ser su nuevo emperador en las elecciones presidenciales del año 2026. O debería mejorar tanto la calidad de la mermelada para convencer a congresistas que piensan reelegirse, misión imposible con una olla de finanzas públicas raspada.

El país está inmerso en un gobierno populista. Y ese populismo, sostiene Vargas Llosa, “apela a los instintos más acendrados en los seres humanos, produce miedo al adversario y se vale de la ignorancia. Va degradando la democracia con mentiras y falsas promesas del ser mesiánico que lo predica y lo practica”. Y cuando el populista arriba al poder, “el hecho no representa una nueva etapa en la historia del país, sino una refundación o renacimiento a partir del cual comienza su historia”.

Colombia, a cien días de estar matriculado en la órbita populista, no solo muestra encuestas que favorecen o desmejoran la luna de miel, sino también signos negativos como el retroceso que el Índice de los Estados de Derecho, que mide la seriedad y eficiencia del Estado, publicado por el World Justice Project, la empuja al puesto 91 en el ranking global.

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