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Julián Posada
Columnista

Julián Posada

Publicado el 04 de diciembre de 2021

cifras

Por Julián Posada

Después de años de mirar a nadie y de recibir el desdén de una ciudad y sus habitantes que privilegian el comercio sobre el arte, “Escena con jinete”, el mural que el maestro Botero pintó en 1960, encontró su adecuado refugio. En el cumpleaños 140 del Museo de Antioquia, una de sus salas acoge el fresco que fue fragmentado y desplazado hasta allí desde el Centro Comercial en el que se hallaba ubicado como si fuese un jean más. Vaya y mírelo como obra de arte conmovedora en su magnitud, o como el testimonio de una historia de violencia que se repite sin cesar y que Botero representa de forma magistral.

Cuarenta y un mil pesos de premio recibió el entonces joven Fernando Botero del BCH (Banco Central Hipotecario), cifra equivalente a unos 35 millones de pesos de hoy.

Adolfo Bernal (1954-2008) fue diseñador gráfico, artista y poeta de una sensibilidad especial. Sus obras de arte inclasificables incluían el uso de palabras en carteles con frases como “The End” , “Amante / Chicago” o “Medellín”. Bernal imprimía sus trabajos en una litografía, los pegaba sobre los muros y los regalaba a sus amigos. Esos carteles hoy valen miles de dólares.

Antonio Caro (1950-2021), artista conceptual famoso por haber escrito la palabra Colombia con la tipografía de Coca-Cola, también hizo obras de fácil reproducción que repartía ampliamente entre los asistentes a sus exposiciones. Es famoso su cartel de “Todo esta muy Caro”, que repitió y regaló infinidad de veces a lo largo de su vida artística. Esos afiches se comercializan hoy en subastas y galerías.

Los casos de gratuidad se repiten con otros artistas tan destacados como Álvaro Barrios, quien publica frecuentemente obras en periódicos o revistas que después firma. Parte de esos grabados populares (así los llama) fueron adquiridos por el MOMA de Nueva York. El Museo Reina Sofía de Madrid compró por miles de dólares unos carteles que originalmente la artista Beatriz González realizó para pegar en las paredes de la ciudad. “El zócalo de la comedia” y “El zócalo de la tragedia” recrean una escena en la que un personaje es condecorado por Julio César Turbay y un crimen pasional en un inquilinato.

Una cosa es el precio de la obra de arte y otro bien distinto el valor (histórico, conceptual, artístico, temático) de la misma. Poco dice el precio de la calidad de la obra o del artista. Van Gogh es ejemplo de ello, aunque murió pobre y sin vender, la calidad de su producción es innegable. La insistencia en mencionar lo costoso del arte y la producción artística hace aún más lejana la práctica artística y sigue perpetuando el mito de que el buen arte resulta impagable. Creer que el precio determina el valor/sentido de una obra es desconocer las dinámicas del arte y del mercado.

Las cifras dicen poco de la calidad del artista, hay artistas de mala calidad que venden a precios exhorbitantes y viceversa. El tiempo se encargará de ponerlos a todos en su sitio. Pero si el arte nos lee y anticipa nuestras pulsiones como sociedad, es lastimosamente cierto que para muchos, UN MILLÓN es sinónimo de calidad.

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