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Julián Posada
Columnista

Julián Posada

Publicado el 28 de noviembre de 2020

Cínicos

En este enorme delirio colectivo, en esta desmesura tropical en que se ha transformado toda América, en esta inmensa vorágine que parece devorarnos como lo hace el ojo de poeta que tiñe de naranja el campo y nos observa con su negro iris, en este diluvio eterno en el que naufragan las vidas y tratamos de vadear sin rumbo entre orillas, en este huracán que destroza memorias, techos, cultura, vidas y futuro estamos siempre a la deriva. Somos los espectadores de un teatro surrealista en el que atados a nuestras butacas apenas gesticulamos las palabras de esta opereta sin música de fondo y con arias interpretadas al vacío. Avanzamos a tientas por esta escena, apenas provistos de un solo valde con el que procuramos detener miles de goteras que saltan del techo y achicar el agua que se cuela por el piso. Aunque los cínicos discutan sobre la veracidad de la cifra, 76 son las masacres que ni el agua, ni el lodo, ni las avalanchas han logrado detener.

Liliana, María, Camila, Juliana, Santiago, día a día los nombres se suceden, la lista crece, los protagonistas cambian y se olvidan, sus fotos no dejan de asomarse por las pantallas en las redes sociales. Salen de su casa y solo encuentran el eco sordo de la calle, el hueco negro del horror. Desaparecer parece ser una costumbre más que un verbo macabro de esta pandemia, las estadísticas dicen que muchos regresan o son hallados, retornan del terror o de la fiesta, algunas veces sus familiares nos lo cuentan, otras el llanto y la desesperación de sus cercanos parece que solo importase a la Inteligencia Artificial que cada que desea sigue recordándonos su ausencia. “Mamá, ser mujer asusta”, le dijo su hija niña a mi amiga, aterran los 200 feminicidios del año y las innumerables jornadas de violencia y horror que se viven en tantos espacios en los que hemos sido confinados.

Este país es un sendero hacia el cadalso, celebramos y maldecimos la vergüenza dia a día, cada uno es esclavo de su vida y copiloto del naufragio, al vaivén de las oportunidades se mueven los cínicos y los políticos que suelen ser lo mismo, errar como sonámbulos entre partidos sin ideas e ideologías es menester del que quiere acercarse al probable vencedor de unas futuras elecciones que los ineptos y los sordos están edificándole al que se dice más humano, ya lo dijo un gran oportunista, “sólo los imbéciles no cambian de opinión.” Dos cuatro dos es 242, un número que debería estremecer y que representa la vida y los nombres de los exguerrilleros/hermanos colombianos asesinados desde hace 4 años.

Las cifras crecen y crecen en este bisiesto en el que espero repetir lo que afirmaba ayer un amigo ... yo sí olvido el año viejo, porque aunque no deberíamos hacerlo, habrá que superar el mal recuerdo de los más de 35.000 muertos de esta peste que el aquietamiento permite contar uno a uno. El día avanza mientras los cínicos juegan a repartirse lo nuestro en esta tierra de nadie, en este pedazo de olvido, en esta parcela en la que se desdeña a miles.

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