Alexandra Pizarnik propuso la mejor definición de cualquier cosa: “La soledad es no poder decirla”. Claro, se refirió únicamente a un sentimiento pero sin proponérselo hizo el exacto encomio de la palabra.
No solo la soledad es no decirla, también lo es la tristeza, la culpa, la derrota, la furia, en fin, el conjunto de dolencias del alma. Cuando el sabio de la calle dice “eso se hincha”, profiere idéntico diagnóstico.
El que calla, enferma. El que se come el dolor lo incuba. Los sentimientos malignos son una infección que pudre los órganos de la carne. Es preciso aplicarle un antibiótico, una sustancia que desinflame y bata en retirada la materia contaminada.
Desde todos los tiempos ese remedio está al alcance incluso de los menos pudientes. No...