Los de la Escuela de Humanidades de Madrid, que son una serie de locos maravillosos con ideas tan pintorescas como brillantes, me acaban de proponer que participe en un minicurso que impartirán el año que viene sobre el atasco. Así, sin más. O sea, la cosa consiste en que una serie de escritores profesionales vayamos a hablar con los alumnos de los bloqueos, parones, pérdidas de resuello y confianza, angosturas, desfiladeros apenas practicables, ansiedades paralizadoras y otras pequeñas torturas que hemos atravesado a lo largo de nuestra andadura literaria. He dicho que sí, porque la idea me ha parecido genial. Siempre he pensado que una aprende tanto de los modelos positivos como de los negativos; yo, al menos, he aprendido muchísimo observando...