Después de dos años de jugar al misterio, la administración de Trump supuestamente está finalmente lista para revelar su plan para la paz israelí-palestina. Los detalles del plan siguen siendo confidenciales, pero si se parece a las movidas del presidente Donald Trump hasta ahora sobre el tema israelí-palestino, será atrevido.
Algunos de estos pasos han funcionado mucho mejor de lo que anticiparon los críticos del presidente. Trasladar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén, por ejemplo, no invitó a las protestas en el mundo árabe que muchos predijeron, incluso mientras los israelíes lo celebraron como una corrección de una injusticia histórica.
Otro de los audaces golpes de la administración ha sido eliminar casi del todo lo que una vez fue considerable ayuda estadounidense a los palestinos. Y aunque eso ha atraído mucha menos atención que el traslado de la embajada, es probable que resulte mucho más consecuente para los intereses americanos e israelíes, y para el acuerdo que anhela el presidente, y no para bien.
Hasta recientemente, los palestinos estaban entre los mayores beneficiarios de ayuda estadounidense. Luego, en agosto, la administración de Trump anunció que no haría unos $300 millones en pagos que se debían a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina o UNRWA, que ofrece escuelas, hogares y otros servicios a aquellos que considera refugiados en Gaza y otros lugares. En la misma época, el Departamento de Estado también reveló que iba a recortar unos US$230 millones en otras ayudas a los palestinos, poniendo fin al apoyo para unir a los niños palestinos e israelíes y para hospitales en Jerusalén oriental, entre otros.
Esto dejó intacto solamente la ayuda a las fuerzas de seguridad palestinas, por mucho tiempo popular entre oficiales de seguridad tanto israelíes como americanos. Sin embargo en octubre, el Congresó adoptó y Trump firmó legislación que dejaría a la Autoridad Palestina, a cambio de aceptar esta y cualquier otra ayuda, sujeta a la jurisdicción de cortes americanas. Esto llevó a oficiales palestinos al final del año pasado a rechazar cualquier otra ayuda.
La administración Trump tiene buenas razones para sentirse frustrada tanto con el liderazgo palestino como las organizaciones de ayuda. Por mucho tiempo UNRWA ha sido acusada de no monitorear adecuadamente el extremismo entre sus empleados y los currículos en las escuelas que maneja, y de inflar el número de refugiados palestinos para perpetuar su misión. Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, ordenó congelar contacto con los Estados Unidos después del traslado de la embajada y se ha negado a entablar contacto con los enviados estadounidenses en relación con los esfuerzos de la administración Trump para diseñar un plan de paz israelí-palestino. Estados Unidos ha dejado claro que las decisiones sobre la ayuda tienen el propósito de presionar a Abbas para que vuelva a la mesa de negociaciones, un objetivo consistente con la política estadounidense de larga data.
Sin embargo es poco probable que la eliminación de ayuda estadounidense a los palestinos logre ese objetivo. De hecho, a largo plazo, probablemente socavará intereses tanto americanos como palestinos.
La administración Trump tiene razón en cuanto a que la ayuda americana a los palestinos ofrece una ventaja a Washington, pero está aplicando esa ventaja en el extremo equivocado. Pocos observadores creen que Abbas está interesado en negociar con el primer ministro Benjamin Netanyahu y Trump, habiendo rechazado a sus predecesores menos conservadores o, si las negociaciones se reiniciaran, que un acuerdo de paz pueda lograrse en este momento.
Sin embargo, la ayuda puede ser aprovechada para avanzar los objetivos estadounidenses de otras maneras. Las administraciones anteriores lo han utilizado para fortalecer la autoridad de los funcionarios palestinos que favorecen la paz y disuadir a la Autoridad Palestina de perseguir a Israel en las Naciones Unidas y en los tribunales internacionales.
Cualquiera que apoye la paz israelí-palestina debería apoyar el éxito del plan de Trump.
La ayuda a los palestinos, condicional y coordinada con Israel, debe formar parte de la política estadounidense. No solo podría ayudar al plan de Trump a tener éxito, sino también a garantizar la estabilidad si los esfuerzos de paz fracasan.