Hace mes y medio me caí por las escaleras y me fracturé el tobillo izquierdo. Una placa y tres tornillos más tarde regrese a casa. Tenía el pie inmovilizado, muletas y una nueva rutina de vida. Los primeros días me deprimí. De pronto las cosas más comunes y corrientes eran tareas difíciles de lograr. Bañarme, subir las escaleras, caminar con cosas en las manos. Eso sumado al dolor, la incomodidad, el calor, la picazón, el miedo a caerme hacían de la experiencia algo desesperante.
Una de las cosas que más me costó aceptar fue que ahora necesitaba ayuda para todo. El no poder valerme por mí misma tan repentinamente es algo que a pesar de que llevo casi dos meses en esto me cuesta aceptar. Los familiares de alguien accidentado se preocupan y hacen...