Aun con escenarios económicos tan azarosos, es importante que el Gobierno y los empresarios entiendan la dimensión de la recursividad y esfuerzos -yo diría milagros- que deben hacer los trabajadores rasos y sus familias para sobrevivir con un salario mínimo.
Hay veces en que el empleador tiene la razón en manejar cuentas austeras en todos los sentidos. Al fin y al cabo, si no hay empresa no hay empleos ni salarios ni riqueza para nadie. Se quedan mirando para el techo los patronos y los empleados, en una dolorosa ruina colectiva y un reguero de familias sin sustento.
Tener empleados exige un juicioso ejercicio de cálculos y equilibrios respecto de los gastos en nóminas y prestaciones sociales y la sobrevivencia de las empresas, además del análisis...