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Con los ojos cerrados

Por

ana cristina restrepo j.

redacción@elcolombiano.com.co

Guiados por la intuición, imaginemos qué sucede en el cerebro de alguien que jamás ha percibido la luz o que dejó de hacerlo; cómo los mecanismos sensoriales de su cuerpo generan alertas para compensar, reelaborar imágenes remotas o crear nuevas, desconocidas. Su sentido de la orientación espacial se agudiza. Su percepción del mundo no es la convencional, la que enaltecen la sociedad y la cultura: aquella dominada por la luz.

Cómo nos gustaba jugar a la ‘gallina ciega’. Cómo nos desesperábamos cuando, con los ojos vendados, no podíamos romper la piñata con la escoba, mientras sentíamos los gritos y la respiración agitada de los demás niños de la fiesta.

La ceguera es, sin duda, uno de nuestros miedos más arraigados. Desde las metáforas del lenguaje exaltamos la luz y condenamos la oscuridad. Sin embargo, cada vez que nos sentimos exhaustos o queremos huir de una situación, añoramos cerrar los ojos. Lo hacemos al oír la música que nos conmueve. Al besar, creemos suspender el tiempo con los párpados relajados.

¡Pocos placeres son comparables con la dicha de tener quién nos lea en voz alta mientras miramos para adentro!

La oscuridad, elegida, es descanso.

“Aquella noche, el ciego soñó que estaba ciego”, escribió José Saramago en el Ensayo sobre la ceguera.

“En el tiempo en que leía la famosa novela El conde de Montecristo, soñé que hablaba con una mujer que aparecía entre los personajes de dicha obra, y a pesar de que en verdad era un personaje novelesco y ficticio, en mi sueño pude oír la voz de la dama”, dice Fernando*, de 29 años, quien quedó ciego a los nueve meses.

En la penumbra, la imaginación sale de paseo. Por eso, tanto a los niños como a los adultos, nos gusta jugar en la oscuridad. Por la misma razón, un ciego puede disfrutar la lectura tanto o más que alguien con buena visión.

Según la Organización Mundial de la Salud, en el mundo hay aproximadamente 285 millones de personas con discapacidad visual: 39 millones son ciegas, 246 millones con baja visión. El número de niños con discapacidad visual asciende a 19 millones, de ellos, 12 millones la padecen debido a problemas diagnosticables y corregibles.

Aproximadamente la mitad de las cegueras infantiles se pueden evitar o tratar.

El discurso estatal de la educación ha llevado a que se concentren esfuerzos en elevar resultados académicos e incorporar tecnologías; la formación de niños en situación de discapacidad no es prioridad en las agendas públicas. Las iniciativas no gubernamentales en esa dirección son invaluables.

Desde 2003, la Fundación Uno Más Uno promueve y apoya exámenes oftalmológicos para niños con dificultades visuales y les ofrece ayudas tecnológicas (además del sistema Braille, existen aplicaciones para dispositivos electrónicos que leen en voz alta) para que su proceso educativo e imaginación no se detengan. Este viernes, en el Teatro Metropolitano, la orquesta Filarmónica de Medellín interpretará un tributo sinfónico a Queen. Su recaudo será destinado a esta obra social.

*Infociegos.com

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