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Con razón me gusta el fútbol

La buena actuación de nuestra selección y la fiebre que ha despertado me han reconciliado con este sentimiento.

hace 4 horas
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  • Con razón me gusta el fútbol

Por Daniel Carvalho Mejía - @davalho

El primer Mundial del que tengo recuerdos es el de México 86. Eran las vacaciones de mitad de año; yo tenía siete años y un montón de amigos en el barrio con quienes jugaba fútbol en la mañana y kickball en la noche. En las tardes veíamos los partidos o hablábamos de ellos. Aquel año de primeros descubrimientos pasó el cometa Halley, me enamoré de una Natalia y conocí, fascinado, a Maradona. Llené con mi padre el álbum Panini y soñé con ver algún día a Colombia participando en ese maravilloso evento. Fue la primera vez que sentí una auténtica pasión por el fútbol.

Dicen que los mundiales son una medida del tiempo, una forma de dividir la vida en capítulos. He visto pasar once y puedo recordar quién era en cada uno, con quién compartía mis días, qué estaba viviendo y de quién me estaba enamorando. El fútbol ha sido mucho más que un deporte: ha sido excusa para reunirnos, refugio en tiempos difíciles y una manera de entender el mundo. Para muchos de nosotros ha servido de metáfora, de referente y de escenario para construir identidad, tanto individual como colectiva.

Nuestro sentimiento nacional está profundamente ligado a la Selección Colombia. Para millones de colombianos representa la expresión más concreta de la patria. La selección de los años noventa condensó las contradicciones de un país marcado por la ilusión y la violencia. La de la última década, en cambio, transmite una sensación de madurez. Hoy parecemos más organizados, más conscientes de nuestras fortalezas y más confiados en nuestras posibilidades. Nuestros jugadores son buenos referentes para los niños y el éxito ya no parece fruto del azar, sino del trabajo, el método y una infraestructura que durante décadas nos hizo falta.

Mi pasión por el fútbol había disminuido en los últimos años. La ausencia de Colombia en el Mundial anterior, la derrota en la final de la Copa América de 2024 y las repetidas desilusiones de mi querido DIM habían apagado parte de esa llama. Pero hoy siento que ha vuelto. La buena actuación de nuestra selección y la fiebre que ha despertado me han reconciliado con este sentimiento. También lo han hecho las innumerables historias que aparecen durante un Mundial: conocer la vida del arquero de Cabo Verde, celebrar la gesta de Curazao o conversar con aficionados de cualquier rincón del planeta. Nunca habíamos vivido un Mundial tan conectado.

Por eso celebro que el torneo siga ampliándose. Cada selección nueva representa un país que puede verse reflejado en la gran fiesta del fútbol y miles de niños que encontrarán un recuerdo para toda la vida. Así como yo nunca olvidaré Italia 90, cuando vi por primera vez a Colombia en un Mundial, ni Brasil 2014, que me lanzó a la política y cambió mi vida para siempre. Con razón me gusta el fútbol: es mucho más que un deporte, es una metáfora de la humanidad.

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