“Ni carne de mi carne, ni sangre de mi sangre, pero milagrosamente mío. Porque en mi vientre no creciste, pero dentro de mi corazón sí estuviste”.
Esta frase, copiada de la página de una asociación de padres adoptivos, ante quienes me quito el sombrero y les hago reverencias de admiración, me sirve de punto de partida para celebrar también hoy, Día de la Madre, a quienes, sin que nadie las llame mamá, han dado afecto a manos llenas y han sido apoyo sus padres, sus hermanos, sus sobrinos, parientes lejanos y hasta extraños, solo por amor y nada más.
Esas mamás de oficio también cumplen el papel de acompañantes y cuidadores de sus padres ancianos. Un caso paradójico en el que se convierten en mamá de su mamá, de su papá o de un hermano enfermo...