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Óscar Domínguez Giraldo
Columnista

Óscar Domínguez Giraldo

Publicado el 18 de agosto de 2022

Correspondencia con zurdos

El 13 de agosto madrugo a felicitar a los zurdos. Desde 1976, por iniciativa del inglés Dean Campbell, celebran su despelote anual. A Campbell no le tembló ninguna de sus manos para decidirse por el 13, número de dudosa reputación en todos los idiomas.

Hace poco recibí un mensaje de Ricardo Franco Ospina, zurdo abejorraleño, a quien llaman para que dé una mano y está ocupado sirviendo a diestra y siniestra.

Cuando estaba niño, Ricardo y otros ocho zurdos de su escuela no tenían derecho a disfrutar los miércoles de tarde recreativa con salida al campo, ni a las asignaturas de trabajos manuales ni de dibujo. Absurdo.

Los diestros aprendían a elaborar canastas de alambre, cepillos de ropa o salían al parque a dibujar el templo o la estatua del fundador de Abejorral.

A la zurdería piernipeluda la ponían a hacer planas de ochos con la mano derecha dizque para corregir el defecto de fábrica. Felizmente, apareció don Rafael Tobón, quien tenía claro que los zurdos también son gente. Adiós, matoneo.

Dice el mensaje enviado por Franco Ospina: “La Asamblea Nacional de Zurdos, obrando bajo la protección de los santos Ponciano e Hipólito, desde esta otra orilla y en sesión ordinaria de la fecha, te declara amigo de la causa de la inversidad hemisférica cerebral, por tus valiosos aportes literarios en defensa de esta otra minoría reivindicada socialmente, gracias a quienes, como tú, abogan por sus derechos inalienables”.

Mi respuesta: Riche, salud. Me siento tocado en el Himalaya de mi vanidoteca con el descomunal reconocimiento que me ha hecho la Asamblea que presides. Si la vicepresidencia de tan benemérita institución está acéfala, me la pido. Seré el Francia Márquez de zurdos, zurdas y zurdes.

No soy un advenedizo en tu logia. Mucho de zurdo hay en mi hoja de vida: Mi madre, doña Geno, era zurda.

Mejor todavía: era ambidiestra. Como mi hermana Amparo, con la que me he cruzado cartas y correos electrónicos.

Gonzalo Mejía García, médico manizaleño que me atisba por dentro, es tan ruidosamente zurdo que también es ateo.

Como católica de amarrar en el dedo gordo, estoy seguro de que doña Geno está güete a la izquierda de Dios Padre.

En letra pegada, de monja de clausura, me escribía —con la mano derecha— bellas cartas. Empezaban siempre así: “Recordado hijo”, y por ahí se metía.

Siempre me recomendaba que fuera agradecido con los que me han dado una mano. Otra admonición: Al escribir para el periódico, respete a los mayores. También me criticaba: Usted es muy generoso con lo que no es suyo.

Francota como todos los zurdos, una vez me notificó que había dejado de leerme porque: “usted escribe muy enredado”.

Riche, con retroactividad al enigmático y ninguneado 13 de agosto, felicitaciones para ti y para tu cofradía en el más allá y en el más acá 

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