Desde finales del año pasado venimos enterándonos del que puede ser uno de los escándalos de corrupción internacional más grande de este milenio. La multinacional brasileña Odebrecht tejió una red de sobornos para conseguir licitaciones y contratos que involucran al menos 10 países entre los cuales, tristemente, se encuentra Colombia.
Lo anterior nos deja al menos dos grandes conclusiones: En primer lugar, que la corrupción no conoce de fronteras ni idiomas y segundo, que nuestras instituciones se encuentran completamente vulnerables para prevenir y combatir la corrupción. La pregunta es ¿por qué? ¿Acaso tenemos como país propensión hacia la corrupción? ¿Hemos bajado la guardia deliberadamente? ¿Hemos claudicado en esa lucha?
Según investigaciones...