El crimen organizado lleva tanto tiempo en el país que se integró a la fauna y flora de los lugares. Sus formas y sus expresiones son múltiples y variadas. Está en todo lado, implantado. En muchos sitios su presencia ya no es perceptible; en otros, se nota, pero es costumbre. El “estar ahí” es uno de sus mayores logros para hacer avanzar sus fines criminales. También es uno de los factores que más afecta la democracia colombiana.
Con paciencia, sin mostrarse mucho –especialmente para los de afuera o los que pretendan controlarlo u obstaculizarlo – el crimen organizado persevera. Esa presencia pasiva consigue su ocultamiento y su normalización. No está de manera ostentosa; oculta su máscara criminal. Está ahí –normal– como cualquier otro, esperando...