Hace unos días tuve la oportunidad de conversar con un investigador dedicado a entender la lógica criminal en Colombia. Mientras hablaba con él, trataba de entender qué pasa por la mente de un joven en una comuna de Medellín para decidir ingresar a un combo. La respuesta es compleja, pues no obedece a un solo factor sino más bien a la confluencia de muchos, que van desde donde se nace hasta la educación que se recibe. En Medellín se calcula que existen al menos 250 combos que cubren el 60 % de nuestra ciudad. La edad promedio para enrolarse es de 15 años. La puerta de entrada al combo es siendo un “carrito” (haciendo mandados de droga, armas u otras tareas operativas...), le reporta a un coordinador de zona. Esa es la estructura simplificada...