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Si el río suena...

Se estima que cada seis meses desaparece un río por la tala indiscriminada de bosques. Y este es solo uno de los fenómenos que más aqueja a los ríos.

03 de abril de 2024
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Por David Yanovich - opinion@elcolombiano.com.co

Es verano, por lo que el río Cravo Sur está con poco caudal. Sin embargo, un par de buenos aguaceros de los días anteriores lo han llenado. Se nota no solamente por el nivel, sino por la cantidad de espuma de desechos orgánicos que se ven bajar. Ha llovido aguas arriba, en Yopal. En su recorrido desde su nacimiento, en Boyacá, va recogiendo todo lo que le botan.

Colombia podría ser uno de los destinos más importantes del mundo en ecoturismo. Su geografía presenta paisajes y recorridos únicos e inolvidables. Y uno de los atractivos que más distinguen al país con respecto a los demás es su riqueza hidrográfica. En particular, sus ríos. En sus cuencas está un potencial hasta ahora inexplorado de ecoturismo. Avistamiento de aves, de fauna y de flora, la pesca, deportes náuticos y la navegabilidad por aguas que atraviesan la historia misma del país.

Aunque hay infinidad de políticas públicas que se han diseñado y plasmado en leyes, decretos y resoluciones para el cuidado de las cuencas hidrográficas, en la práctica Colombia ha abandonado sus ríos. Puede ser que por su abundancia y nobleza, las poblaciones que de ellos dependen se hayan acostumbrado a que siempre están ahí. Pero esto puede cambiar rápidamente. Colombia tenía alrededor de 60 litros por km2 en volumen de agua por unidad de superficie, lo que lo ubicó en su momento como el cuarto país en el mundo, después de Rusia, Canadá y Brasil. Pero se calcula que hoy el país ocupa el lugar 17, debido a la deforestación. Se estima que cada seis meses desaparece un río por la tala indiscriminada de bosques.

Y este es solo uno de los fenómenos que más aqueja a los ríos. Además de la deforestación, hay dos retos importantes que hay que trabajar para lograr un verdadero cuidado de las cuencas en el país: seguridad y tratamiento de aguas residuales.

Lo de la deforestación es conocido. Más de 120.000 hectáreas de bosques se tumban cada año en Colombia, muchos de los cuales son protectores de cuencas. Es, sin duda, uno de los problemas ambientales más importantes al que se enfrenta el país. El impacto en varios órdenes es de una magnitud más grande que las ínfimas emisiones de carbono que hay en Colombia. El problema es que la deforestación es muy local y no permite lucirse en foros internacionales.

De la seguridad ni hablemos. Los ríos han sido vías principales para toda clase de ilícitos, verdaderas autopistas del narcotráfico y el contrabando. Muchas victorias territoriales de los grupos armados ilegales se centran alrededor de cuencas estratégicas para sus intereses: ríos como el Putumayo, el Patía, el Atrato, el Orinoco, el Arauca.

Y, finalmente, está el tema del tratamiento de aguas residuales. En un Conpes del año 2020 se da cuenta de cómo en Colombia se tratan apenas el 43% de las aguas residuales, mientras que en países como Chile este número llega al 99%. Y esto es cuestión exclusivamente de plata y gestión. Mientras se siga botando la basura producida por los centros poblados a los ríos será muy difícil recuperarlos. Y el campeón nacional es el Magdalena, de lejos el río más importante del país y el que más afectado se ve. Se calcula que el Magdalena recibe hasta el 70% de los residuos producidos en Colombia bien sea directamente o a través de sus cientos de afluentes, que recogen desechos orgánicos de toda clase de actividades, incluyendo a Bogotá. Es hora de realmente preocuparse por los ríos. El potencial que brindan al país es incalculable.

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