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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 16 de noviembre de 2019

De caudillos y endiosamientos. Franco y Evo

Hablaremos de dos caudillos destronados. Uno, al que la muerte, luego de prolongado apegamiento al poder en España, sacó de la Historia hace ya mucho tiempo. Otro, al que hace apenas unos días le dio la espalda el favor popular y debió dejar el poder y su país, Bolivia. Supongo que no les va a gustar a los españoles, ni tampoco a los bolivianos, que ponga hombro a hombro en un comentario a Francisco Franco y a Evo Morales. Pero la actualidad noticiosa los junta, muy a su pesar.

La caída en Bolivia de Evo Morales, quien es uno de los símbolos del caudillismo de izquierda implantado por el llamado Socialismo del Siglo XXI y su mal recordado propulsor Hugo Chávez de Venezuela, nos da pie para reflexionar sobre el destino que corre nuestro continente. Maltrechas por tentaciones de izquierda y de derecha, que propician regímenes dictatoriales de una y otra tendencia, se queman y consumen a fuego lento nuestras debilitadas democracias.

Y como estamos en el mes de difuntos, que nos recuerda que, como rezaba una saetilla frailuna, “de la muerte nadie escapa/ ni el rey ni el rico ni el Papa”, nos queda el consuelo de que, cualquiera que sean o hayan sido las desmesuras del poder y el endiosamiento de los caudillos, “a la mar, que es el morir”, han ido ellos y vamos a ir todos. Por eso, como digo, me atrevo a iniciar esta reflexión por el recuerdo (¿o el olvido?) de un caudillo, El Caudillo para sus devotos, Francisco Franco, cuyo cadáver fue recientemente exhumado del Valle de los Caídos y trasladado a un mausoleo privado.

Y lo traigo a colación porque no hace mucho me topé en la televisión española con le película “Los últimos días de Franco”, de 2008. Se muestra en ella la inaceptable lucha de los médicos del dictador por prolongar la vida, ya prácticamente acabada, del avejentado dictador. Era la idea de muchos fanatizados franquistas que casi le rendían culto a Franco como a un Dios. No podía morir. Pero Franco no era, afortunadamente, inmortal. Quienes compartimos parte de nuestra juventud con compañeros españoles que padecieron, ellos y sus familias, la guerra civil española y también sufrieron las largas décadas de dictadura franquista, sabemos lo que es un pueblo polarizado, con heridas abiertas y odios irredentos. Una polarización y unos odios no redimidos que afloraron hace unas semanas, a juzgar por muchas reacciones que se suscitaron con motivo de la ya mencionada exhumación del cadáver de Franco.

Que descanse en paz, si la Historia se lo permite, el dictador español. De Evo Morales y afines latinoamericanos hablaremos después.

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