A mi abuela, que nació zurda, la obligaron a aprender a escribir con su mano derecha. Creo que eso pasó con muchos de nuestros abuelos y padres. La izquierda siempre ha representado lo malo. Ser diestro es ser hábil, experto, pero ser siniestro no es ni siquiera la falta de habilidad. Es la maldad pura. El bien y el mal, pero el uno no existe sin el otro.
Yo soy zurdo de mano, pero derecho de pie, eso ya representaba una confusión. Peor aún, algún día en la universidad y mientras escribía en el tablero, un compañero me hizo ver que lo estaba haciendo intercambiando manos. Resulté siendo ambidiestro. Empecé a entender las ventajas de esta habilidad.
En la contienda política reciente no me gustaba ninguno de los candidatos de los extremos. Sin embargo,...