“Las comparaciones son odiosas”, dicen por ahí; pero solo ese ejercicio de contraste –tan necesario en la vida– permite observar y decidir con base en las diferencias, y por ende, tener criterios de juicio. Los académicos de oficio somos comparadores compulsivos. Los lectores compulsivos somos comparadores de oficio.
Leer simultáneamente “Historia mínima de Colombia”, de Jorge Orlando Melo, y “Colombia: historia de un olvido”, de Enrique Serrano, deja a cualquier lector incómodo. Entre los múltiples interrogantes, el primero es: ¿estos dos señores me hablan del mismo país?
Esto nos da pie para reflexionar sobre los pilares del debate en entornos democráticos...
El sábado anterior, EL COLOMBIANO publicó una columna cuyo colofón era una abierta legitimación...