Nadie sabe a ciencia cierta cuál es el tamaño de la deuda que Venezuela mantiene con China a esta fecha. A Caracas no le interesa que se conozca el sustantivo nivel de dependencia que ese país se ha fraguado a través de dos décadas de interacción con China desde que Hugo Chávez emprendió su agresivo plan de acercamiento con Asia. Tampoco le conviene a Pekín que se especule sobre el altísimo tenor de exposición que su economía tiene del atrabiliario gobierno venezolano, ni mucho menos la irresponsable holgura con que los endeudamientos han sido manejados de lado del acreedor.
La realidad es que difícilmente podían los agentes financieros chinos imaginar la desastrosa deriva que tomaría el país bajo la administración Chávez. Este le entregó a Nicolás...