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Alberto Velásquez Martínez
Columnista

Alberto Velásquez Martínez

Publicado el 02 de marzo de 2022

Democracias tambaleantes

Un estudio de la Universidad Católica de Chile revela el impacto “brutal” que en dos años ha causado y seguiría causando el coronavirus en América.

El informe califica de “maldita” la herencia de la peste. Fundamenta su apreciación en hechos como que un tercio de las muertes del mundo se dieron en la región, la contracción del PIB fue la peor del último siglo, la destrucción de más de veinticinco millones de empleos y unas brechas insondables en la informalidad, en la desigualdad, en la pobreza. Y lo más grave, que no lo dice el estudio, es que en este 2022 podría presentarse otra ola de contagios causada por la peste del populismo, que podría originar un tsunami en algunos países que van a elecciones agitadas por unas colectividades tan divididas como anacrónicas, sin propósito de país.

En este informe se vuelve a insistir en la desconfianza que en la opinión pública despierta la democracia. Democracia que, por muchos vicios que tenga, sigue siendo “el menos malo de los sistemas de gobierno conocidos”. Democracia ahora desafiada por el régimen de dictadura rusa presidida por un alucinado que invade y humilla a Ucrania. Que viola toda normatividad del derecho internacional, acción repudiada por el mundo democrático y civilizado, menos por el totalitarismo bolchevique que en Latinoamérica tiene tres vasallos, uno de ellos vecino incómodo de Colombia, jayán analfabeto que le respira en la nuca con resoplidos de tambores de guerra. Tres países americanos con autócratas tan corruptos como pendencieros que llegaron al poder no por golpes militares, como en la década de los años cincuenta del siglo pasado, sino a través de elecciones manipuladas mediante fraudes y engaños.

Las protestas sociales que han agitado la región en medio de la pandemia han sido movidas en buena parte por sentimientos de expectativas y esperanzas frustradas, de unas democracias que piden modernizarse para no ser sustituidas por autocracias dictatoriales. Así lo reconoce esta investigación de la prestigiosa universidad chilena: “los gobiernos de la región no han sido capaces de adaptarse al cambio social y cultural vivido por América Latina en los últimos veinte años”. Y puntualiza: “Mientras la sociedad opera bajo la lógica del siglo XXI con la digitalización como acelerador, el Estado y sus instituciones siguen operando bajo la lógica del siglo pasado”. América sigue en pañales en ciencia, tecnología, innovación, amenazada por los populismos de los castros, maduros y ortegas.

América Latina, termina el informe, enfrentará otro año complejo. Y con ella, sus democracias. “Los niveles de incertidumbre, volatilidad, riesgo político y polarización se mantendrán altos. Por su parte, el populismo, el sentimiento antiélite, la xenofobia seguirán presentes”. Como quien dice, los factores perversos para originar la tormenta perfecta y revolcar la frágil democracia de la región. Colombia, al paso que va, dividido y rajado su establecimiento político, podría no ser la excepción en ese torbellino populista.

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