El Leicester City acaba de coronarse campeón de la liga de fútbol más atractiva, entretenida y vista del mundo, ahorrándonos dos fines de semana de angustia (insoportable otro partido como contra el West Ham o el de los Spurs en Chelsea). Se realizó así el sueño de todos los aficionados del mundo, excepto los del Tottenham Hotspur y uno que otro lucido. Antes de cumplirse se prodigaron columnas de opinión, reportajes, crónicas y entrevistas que destacaron lo inusual del acontecimiento y acudieron a metáforas de milagros, cuentos de hadas y redención de pobres.
No falta razón para ello. Según las estadísticas norteñas, en ninguna competencia deportiva se había llegado al parámetro de cinco mil a uno en las apuestas (el anterior había sido mil...