Es imposible sustraerse al ingreso de diciembre. Este año la zona andina del país tajó con cuchillo el tránsito del pesado año al último mes, cuando los asuntos toman suavidad de loto. De aguaceros a pedradas, se pasó a soles de voltaje superlativo. La radio anunció, incluso, fenómeno de El Niño.
Claro, la naturaleza aporta su ración celeste. Juega con las esferas superiores para mandar anuncios de mutación. En esta circunstancia debieron de apoyarse los inventores de leyendas, que hicieron coincidir el nacimiento de todos los dioses alrededor del solsticio invernal del hemisferio norte.
Por eso tenemos cosechas y fiestas, fuegos astrales y artificiales, alboradas non sanctas. La luz es la insignia de diciembre, luz diurna y luces nocturnas. Las...