De un extremo a otro saltó el Brasil. Hastiado de la corrupción de sus dos últimos gobiernos populistas de izquierda, Lula/Dilma, se fue al populismo de derechas. La puñalada a Bolsonaro le salió con premio. Y no se sabe cuál de los dos populismos es más perverso y destructor. Ambos conducen a lo que llama el sicólogo y filósofo de Harvard, Steven Pinker, “el populismo autoritario”, que es “el ejercido por un caudillo fuerte que al valorarlo, ignora las limitaciones de la naturaleza humana y desdeña las instituciones regidas por normas y los controles institucionales que limitan el poder de los imperfectos actores humanos”.
Entra Brasil con su populismo de derechas, al escenario latinoamericano como respuesta al populismo de izquierda de Maduro....