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Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 10 de octubre de 2020

Don Mirócletes, “el libro más mío”

El pasado jueves se llevó a cabo el lanzamiento de una nueva edición de “Don Mirócletes”, de Fernando González, publicación de la Corporación Otraparte y la Editorial Eafit. En el mismo evento, que se realizó en el contexto de la Fiesta del Libro y la Cultura, se presentó también la reedición de la obra “Prosas para leer en la silla eléctrica”, de Gonzalo Arango.

De ambos libros habremos de ocuparnos más a espacio en otra oportunidad, una vez concluido el rito impostergable de tener los dos volúmenes entre las manos y haber naufragado deliciosamente entre sus páginas. Un libro no nace cuando lo termina de escribir el escritor, sino cuando el primer lector le da vida al leerlo. Pasa con los libros nuevos y con los libros viejos, con las primeras ediciones y con las reediciones. Toda lectura es un parto y leer una obra, por primera o por enésima vez, es siempre para uno como lector una labor de parturienta.

La primera edición de “Don Mirócletes” se imprimió en París en 1932 (Editorial “Le livre libre”, 21 Rue Servandoni). Fernando González había viajado a Europa a finales de 1931 para asumir el consulado de Colombia en Italia. Hay una segunda edición de 1934 en Barcelona, Editorial Juventud, que al parecer nunca se conoció en Colombia, pero algunos de cuyos añejos ejemplares logró conseguir Gustavo Restrepo para el fondo bibliográfico de la Casa-Museo. La segunda edición (tercera si se tiene en cuenta la de Barcelona) se hizo por la Editorial Bedout en 1973 y la tercera (cuarta) en 1994 por la editorial de la Universidad Pontificia Bolivariana. La quinta es esta de la que estamos hablando.

Sobre “Don Mirócletes”, que de su puño y letra dedicó en la tercera página “a las ceibas de la plaza de Envigado”, dijo Fernando González: “(...) Es una biografía del subconsciente. Al mismo tiempo es la sonrisa del que ya se encuentra y que desde la altura de su propia alma contempla las formas de sus parientes, de sus conciudadanos. Hay allí mucha risa espiritual y mucho amor. Tan amorosamente he contemplado todo lo mío, que nadie se ha enojado. En tal sentido he dicho que soy una fatalidad, pues cuando uno se oye a sí mismo es tan irresponsable, tan inocente, como el hilo de un carrete que se desenvuelve. La Maldad está en la simulación; ésta es la que ofende. Este es mi libro, el libro más mío”.

Después de “Viaje a pie” (1929) por tierras de Antioquia y Caldas, “Don Mirócletes” cuenta el viaje del escritor hacia el interior, hacia si mismo. El libro es también el comienzo de la novelística del solitario de Otraparte.

Volveremos. Manuelito Fernández sigue dando guerra.

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