Me pasé dos días en Los Ángeles; uno para recordar y otro para ver el futuro.
Los Ángeles es la ciudad que me salvó, la primera a la que llegué después de irme de México hace 35 años. La ola latina apenas se estaba formando, pero ya quedaba claro que sería imparable y que lo trastornaría todo. Esta fue la ciudad que me dio mi primer abrazo en Estados Unidos.
Una de las primeras cosas que me sorprendió es que en Estados Unidos se podía criticar al presidente y no pasaba nada. El contraste era brutal. En esa triste época, en México casi no se podía tocar al presidente, ni al dedazo ni al sistema de corrupción y represión que se había instalado con el PRI desde 1929. Yo apenas había cumplido 24 años, y no quería ser un periodista censurado. Así que...