En Colombia, por décadas, ha sido tradicional que los presidentes gobiernen a punta de pupitrazos y de repartir mermelada, o “manteca de cerdo” (pork belly), como llaman en USA a las prebendas distribuidas por los gobernantes entre los políticos, para engrasarles la maquinaria y lograr la aprobación de proyectos de interés para sus gobiernos. Iván Duque está tratando de romper con esas funestas costumbres, ejerciendo un innovador estilo gobierno que da preferencia a la concertación, al diálogo y a la ausencia de mermelada. Pero, valga la verdad, tal estilo le costó caro al comienzo. Los viejos vicios son difíciles de romper. Romper con costumbres enquistadas en la clase política, o para el efecto, en cualquier gremio, es difícil, doloroso y,...