Toda la narrativa sobre la cual se construye la modernidad se genera en el “descubrimiento” de América. Expertos de nuestra región afirman que los procesos de colonización que vivimos en Latinoamérica no terminaron con las independencias en el siglo XIX, sino que siguen vigentes hasta hoy y que las ideas eurocéntricas nunca dejaron de imponerse. Es casi irrefutable que el mismo concepto de “desarrollo” nos deja muy mal parados: por mucho que mejoremos y crezcamos, parece que siempre fuéramos a estar peor que los países “desarrollados”. Pero más allá de juzgar nuestros procesos históricos, quisiera que observáramos cómo justamente esa historia –en la que siempre hemos estado atrás– nos impacta hoy.
Sabemos que la pandemia del covid-19 tiene el potencial de afectarnos a todos, pero es evidente que no nos afecta a todos por igual. Así como al interior de nuestro país y de nuestras ciudades los más vulnerables sufren más, las consecuencias (en especial económicas) seguramente serán más negativas para los países en vía de desarrollo que para el resto. Es posible que haya excepciones, pero las proyecciones no son alentadoras. Por eso, cada decisión es clave a la hora de minimizar el impacto de la crisis en el aumento de las brechas de pobreza y exclusión.
La Cepal (Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas) afirma que la región vivirá la recesión económica más fuerte desde la Gran Depresión de 1929 y que la economía de los países latinoamericanos se contraerá aproximadamente en un 5,3 % en 2020. Lo anterior, en términos reales, implicará un aumento de la pobreza, el desempleo y la miseria. Pasaremos de 52,6 millones de personas desempleadas en 2019, a 64 millones en 2020. La pobreza se incrementará del 30 al 34 %; es decir, habrá 26 millones de personas más en situación de pobreza este año respecto al anterior: 221 millones en 2020 contra 195 millones en 2019.
Estas cifras indican una catástrofe económica y social para los 20 países del subcontinente. Muestran un gran retroceso respecto a lo que se ha logrado en los últimos años en términos de bienestar social y lucha contra la pobreza, y evidencian, además, una posible ampliación de las brechas de la desigualdad e inequidad, donde los más vulnerables tendrán cada vez menos posibilidades de un trabajo digno, una educación de calidad y una adecuada atención en salud.
Colombia no será la excepción. De acuerdo con algunas cifras de Fedesarrollo, se estima que el país podría retroceder al menos una década en avances en superación de pobreza y que enfrentaremos la contracción económica más extrema de los últimos 100 años. La Universidad de Los Andes calcula un efecto incluso más severo que se evidencia en su publicación titulada “Efectos en pobreza y desigualdad del covid-19 en Colombia: Un retroceso de dos décadas”. Además, menciona que el país tendrá aproximadamente 7 millones de personas más en situación de pobreza, pues se trata de una población de clase media vulnerable al cambio económico. Este sería el resultado de una caída de ingresos mensuales cercana a los $4,8 billones.
El director de emergencias de la Organización Mundial de la Salud afirmó el viernes que Latinoamérica se ha convertido en un nuevo epicentro del virus debido al aumento de casos en Brasil y Perú. Nuestra región se verá afectada, pero habrá efectos diferenciados entre países, que dependerán de las respuestas de los gobiernos. Habrá que desarrollar políticas públicas inclusivas que mitiguen las consecuencias de la pandemia no sólo en el ámbito de la salud, sino también en el bienestar social y la reactivación económica planificada que eviten el hambre, un mayor desempleo y la destrucción del aparato productivo.