Por MAURICIO ARANGO GAVIRIA
El Acuerdo final entre el Gobierno y las Farc-Ep fue una especie de contrato, con objetivos distintos para cada una de ellas. Los delegados del Gobierno persiguieron un objetivo de corto plazo, mientras las Farc-Ep siempre buscaron uno de largo plazo.
En todo contrato las partes se obligan a hacer algo que conduzca al logro de los objetivos. Es tanto lo que el Gobierno tiene que hacer, para satisfacer a la otra parte y para que, en teoría, de consuno se logren los objetivos, que se ve un desequilibrio de las obligaciones. Se trata de un contrato a todas luces leonino.
Las Farc-Ep se comprometen esencialmente a no hacer; es decir, a no secuestrar, a no tomarse pueblos asesinando a sus habitantes, a no atacar al Ejército...