De nuevo, la lágrima está en el curubito. El presidente Obama inauguró 2016 revelando que es hombre de lágrima fácil al lamentar matanzas ocurridas en su país y anunciar medidas contra los fabricantes de armas.
Sus anuncios me ratifican en la certeza de que los presidentes gringos deberían empezar a gobernar por el segundo período. Cuando ya no existe la posibilidad de otro mandato, echan la Casa Blanca por la ventana. Entre muchas otras, Obama “nos debe” el cierre de la cárcel de Guantánamo para remplazarla por esos deliciosos guantánamos gastronómicos que son los paladares (=restaurantes), la primaria en capitalismo hecha en Cuba.
Traducidas las cabañuelas, encontramos que 2016 será un año pasado por agua. Lo de Obama fue un Niágara lacrimal....