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P. Hernando Uribe
Columnista

P. Hernando Uribe

Publicado el 08 de enero de 2021

El bautismo

El bautismo es uno de los siete sacramentos, que son ritos o signos sensibles del efecto espiritual que Dios obra en el hombre. Si el bautismo nos hace hijos de Dios, ¿de quién somos hijos antes del bautismo? Tenemos dos alternativas: o no nos hace hijos de Dios, o el bautismo es no solo un rito.

Etimológicamente, bautismo es la inmersión de la criatura en el Creador, inmersión que es la relación de amor del Creador con la criatura, que por ser continua, tiene la calidad que cada uno le imprime según se interese en cultivarla, y se manifiesta en toda obra buena que hace y en toda obra mala que evita.

Ser y hacer son dimensiones esenciales del ser humano, manifiesta lo que es en lo que hace. En el rito del bautismo celebra lo que es: criatura que vive sumergida en el Creador. Y entender la oración como relación de amor con Dios, es ver en ella el ejercicio bautismal por excelencia. A más intensa oración, más intensa inmersión. Maravilloso el dicho de Ángel Silesius: “En mar se convierte la gota de agua que cae al mar”.

Jesús fue bautizado por Juan, y al terminar el rito se oyó esta voz del cielo: “Este es mi Hijo amado en quien me complazco” (Mt 3,17). Jesús cultivó su relación de amor con su Padre hasta poder decir: “Yo y el Padre somos uno”, y “Quien me ve a mí, ve a mi Padre”. Y lo que Jesús es, lo pide para todos: “Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Juan 10,30; 14,9 y 17,21).

Toda la obra de los místicos es un tratado bautismal de principio a fin, como Las Moradas de S. Teresa y el Cántico Espiritual de S. Juan de la Cruz. En éste leemos: “El alma ve que su Amado nada precia ni de nada se sirve fuera del amor, de aquí es que, deseando servirle perfectamente, todo lo emplea en amor puro de Dios”.

Así podemos entender la afirmación de Ratzinger en su libro “Jesús de Nazaret”: “El bautismo no se puede reducir a un simple rito”. Lo que Sor Isabel de la Trinidad sabía admirablemente: “¡Oh mis Tres, mi Todo, Inmensidad en la que me pierdo! [...] Sumérgete en mí para que yo me sumerja en ti hasta que vaya a contemplar en tu luz el abismo de tus grandezas”.

Mi Creador vive creándome amorosamente. Hago de la pandemia la oportunidad para cultivar con esmero mi bautismo, mi relación de amor con mi Creador

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