El bautismo no es un rito. Dios es omnipotente, no depende, por tanto, de un rito para hacerse presente.
El hombre es un ser de ritos. Ver, oír, oler, gustar y tocar son ritos que el hombre realiza de mil maneras. De su delicadeza interior depende la magnificencia de sus ademanes. Soy lo que hago, hago lo que soy.
Entre ser y hacer existe una relación esencial. En el rito del bautismo celebro mi condición de hijo de Dios, que tengo por el solo hecho de nacer. “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30) es el lema que identifica a Jesús. Dos que son uno, uno que son dos. Como Jesús, cada ser humano nace ungido, empapado de Dios. Eso es el bautismo.
Una joven de veinte años le envía una carta manuscrita a su hermana cuatro años mayor: “¡Seamos siempre...