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Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado el 08 de febrero de 2019

El crimen ambiental de Hidroituango

Lo sucedido esta semana con el río Cauca es un crimen. Sí, un grave delito ambiental con serias consecuencias socioeconómicas además.

Un crimen y como tal debiera investigarse. Es mucho más que los 30.000, 50.000, 70.000 o más peces muertos. Es que engendraban más vida y daban sustento a miles de personas. ¿Cuántos damnificados hasta la desembocadura?

Hoy nadie está en capacidad de decir que sabe lo que sucede con Hidroituango. Es una caja de sorpresas. El cierre de la compuerta hubo que acelerarlo porque las rejillas estaban cediendo. Y unos días antes, era un socavón entre los túneles y la casa de máquinas.

Ahora no se sabe cómo quedó la casa de máquinas, qué pasará con el techo y hay varias incertidumbres más.

Inquietan esos cuentos de que se secó el río para preservar a las comunidades. ¿Por qué se llegó a eso? Es que desde el inicio del proyecto, las comunidades, aguas arriba y abajo, han sido afectadas.

Las hidroeléctricas, en particular las grandes, están cuestionadas en el mundo. Estudios recientes muy serios lo demuestran. Así hubiera funcionado bien, de todas formas afectaba la vida en su radio de influencia. Otras investigaciones (como la de la Universidad de Antioquia) lo sugieren.

Pero acá es común que el gobernante desacredite lo que dice la ciencia y hasta lo ponga en ridículo. Más si hay dinero de por medio. E Hidroituango no solo generará (¿ía?) energía sino billete.

Y mejor no hablar del amor del paisa por el dinero.

Al río Cauca no lo han matado. Volverá a fluir, con caudal disminuido o no, pero el daño a la vida es irreparable y tardará años en sobreponerse.

¿Cuántos meses llevan sufriendo miles de personas de la presa hacia abajo? No es esta semana. Los problemas generados por la hidroeléctrica les cambió la vida: el lugar de residencia a muchos, sus medios de subsistencia y hasta la educación de sus hijos.

¿Qué hubiera pasado si esa desgracia se hubiera presentado en las fincas de las personas de más recursos? Otro sería el cantar. Pero estas comunidades poca voz tienen y hasta extrañamente se les prohibe manifestarse contra la obra que se está tirando sus vidas.

Hidroituango es, hasta ahora, un monstruo indomable. Ojalá los entes de control e investigación comiencen a señalar responsables de esta gran tragedia y a castigarlos. Ese cuento de que en Antioquia hay entidades y personas intocables debe ser pasado.

Maullido: ¿para Duque disuasión significa más bala?.

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