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Juan Gómez Martínez
Columnista

Juan Gómez Martínez

Publicado el 12 de marzo de 2020

EL CUENTO DE LA SUSTITUCIÓN DE CULTIVOS

Antes de hablar del tema, voy a contar una experiencia que tuve en Mocoa, capital del departamento de Putumayo. Después de una reunión sobre vías y transporte en este departamento, cuando yo ocupaba el cargo de ministro de Transporte, se me acercó un campesino y me dijo: “ministro, yo soy un cultivador de coca”. Al mostrarle mi sorpresa, me explicó la razón por la que estaba en esa labor.

El campesino tenía una pequeña parcela algo retirada de la carretera. Me dijo que antes cultivaba maíz y yuca. Cuando llevaba sus productos al pueblo, tenía que arrendar unas mulas, cargarlas, sacarlas a la vía y esperar a que pasara un camión para poder transportarla al pueblo. Una vez en la plaza, entregaba la mercancía a los vendedores, quienes le pagaban lo que querían. Ya no podía devolverse con sus productos si no los podía vender sin rebajar el precio.

Cualquier día llegaron unos “señores” y le ofrecieron unas semillas para que las sembrara, con el compromiso de que los mismos oferentes de las semillas pasarían por las hojas de coca cuando se produjera la cosecha, las pesaban y en el mismo momento se las pagaban. Se evitaba el transporte y la dependencia de los compradores.

En los cargos que he ocupado, tuve la fortuna de conocer el país con sus valles, montañas, ríos y selvas. En medio de la selva profunda, alejados de las carreteras, veía los cultivos de coca. El medio de transporte para sacar la producción de coca es el aéreo, el helicóptero. Los laboratorios de procesamiento, los veíamos en las riberas de los ríos con las huellas de contaminación por los químicos para producir la cocaína.

Esa situación me convence de que la sustitución de cultivos, tan cacareada por Juanpa –como le gusta que le digamos–, es imposible. Sacar cacao, o yuca, o maíz, o cualquier producto agrario de esa selva profunda, es imposible. Proponer la sustitución es la manera de oponerse a la aspersión con glifosato que es la única posibilidad de acabar con la cocaína producida por los amigos del presidente entreguista. Para eso sí es bueno, para cumplir los compromisos adquiridos de protegerlos en sus negocios ilícitos.

Recordemos que cuando se acercaba el plebiscito para aprobar o negar la entrega de Colombia a los violentos y negociantes de cocaína dijo, el entonces funesto presidente, que si ganaba el no, no había acuerdo con la guerrilla. Ganó el no y puso al Congreso a modificar lo acordado y aprobar lo que el pueblo había negado.

Como argumento dijo que había acogido los puntos que el presidente Uribe había pedido. Falso, tan falso como el mismo Juanpa –como le gusta que le digamos–. Tan falso, como la segunda elección de Juanpa. Fui testigo de lo conversado con el presidente Uribe y nunca se modificaron los puntos comentados por el presidente que se equivocó al llevar a semejante personaje al solio de Bolívar.

La única solución a los cultivos ilícitos es el glifosato.

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