Por Armando Estrada Villa
aestradav@une.net.co
Hay discursos que encienden los ánimos de sus destinatarios y los incitan al combate; otros que otorgan un sentido de unidad a los ciudadanos y los invitan a la integración, y otros que despiertan nuevas ideas, abren horizontes y los estimulan al cambio. En Colombia, nos hemos acostumbrado a escuchar desde las más altas dignidades del Estado y de la política un lenguaje pendenciero, cargado de insultos y descalificaciones que inflaman pasiones y han contribuido a la polarización que ha vivido el país en los últimos años.
Dardos e invectivas permanentes entre los expresidentes Santos y Uribe, entre el gobierno y la oposición, estaban presentes en el discurso por medio del cual los dirigentes fijaban...