Hay un cuento de Roald Dahl que me encanta. Se llama “El librero”. La primera vez que lo leí, lo hice creyendo que idealizaría ese mundo que tanto me gusta. Apenas lo terminé me gustó mucho más. El escritor británico exploró un punto de vista más que atractivo: un librero puede ser corrupto, bastante despreciable y algo libidinoso. El giro inesperado y divertido que toma la historia, me hizo pasar un gran rato. Ahora que Nórdica volvió a editarlo, en una edición bellamente ilustrada por Federico Delicado, lo volví a leer y me gustó mucho más.
William Buggage tiene una librería de libros raros en Charing Cross Road, la mítica calle de las librerías en el centro de Londres que conocí gracias a ese otro libro imperdible, “84, Charing Cross Road”,...