Lo conocí hace cuarenta años en mi calidad de alumno de la Facultad de Derecho de la Universidad de Antioquia. Cualquier día, al promediar el año 1976, un compañero muy aficionado al Derecho penal, me habló de las cualidades excelsas del profesor de casuística penal y me invitó, el sábado de esa semana, a asistir a dicha clase. Guiado por la curiosidad, propia de quien apenas frisaba los 20 años, acepté.
El día indicado llegamos al aula situada en el primer piso del bloque 14 de la Facultad. Tomamos asiento, mientras los estudiantes matriculados arribaban; a poco apareció el esperado catedrático. Un hombre de estatura media, tez blanca, cabeza grande, con entradas profundas en su cuero cabelludo, ojos saltones y mirada muy inteligente; entonces,...