Hace varios meses, mi día empieza con un timbre que suena a las 7 y 10. Aunque estoy despierta desde antes del amanecer, a esa hora suelo tener la primera clase. En ese momento empieza un desafío: lograr que ese grupo de niños que me miran recuerde algo de lo que voy a decir, mostrar en el proyector o escribir en el tablero. Desde que me gradué en la universidad y además de contar historias, he sido profesora en un par de ciudades, he tenido maestros de varias nacionalidades y credos y he conocido colegios con niños de perfiles variados. Esta semana y a propósito de los escalafones que se realizan periódicamente para medir el rendimiento escolar en el país, hablaba con unos compañeros de trabajo sobre los colegios. Y surgió la pregunta: ¿cuál...