Para Borges, la belleza “no es el resultado de un juicio, no llegamos a ella por medio de reglas; sentimos la belleza o no la sentimos”. Afirmación que avala con este ‘alto verso’ de Ángel Silesius: “La rosa es sin porqué; florece porque florece”.
Así, lo que digo de la belleza y de la rosa, lo digo ante todo de Dios, el sin porqué, la belleza infinita. Por tanto, a Dios, más que pensarlo, lo siento. De mí depende el interés en sentirlo, sabiendo que sentir es un poder sin límites, que cuanto más lo cultivo, más lo siento.
Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres siendo uno, son uno siendo tres, el misterio de los misterios, de quien S. Teresa, mística excepcional, tiene una experiencia arrobadora.
“Aquí se le comunican todas tres Personas, y le...