En Colombia, donde muchas veces la opinión de los extranjeros cuenta más que la de los propios colombianos; donde es aún común que se piense y actúe como colonia europea o estadounidense, donde las ideas y las tendencias, como la comida, la música y las vestimentas, son copiadas de otros países, la opinión de la prensa internacional cuenta mucho más de lo que debería.
Muchos piensan que si lo dice el New York Times, los noruegos lo aprueban, o si Maduro y los Castro lo aplauden, es ¡maravilloso! Pero si somos los colombianos los que nos manifestamos, los que damos nuestro voto, los que criticamos, aplaudimos o condenamos algo, entonces somos unos reaccionarios, unas ignorantes ovejas lideradas hacia un precipicio.
Valiente estupidez pensar que...