La obsesión china por mantener una tasa de crecimiento elevada, lo que se constituyó por décadas en su principal signo de fortaleza ante el planeta, llevó a la gran potencia a transformarse en el centro más importante, vasto y acelerado de construcción de nuevas ciudades pensadas para generar mano de obra y ofrecer vivienda, oficinas y comercios a millones de familias. Algo falló en la planificación y un sinnúmero de ellas se han convertido en ciudades fantasmas que permanecen vacías de ciudadanos. El espectáculo que estas ofrecen es realmente desolador.
Hoy, cuando su expansión económica está entrando en una fase de racionalidad y el gigante se orienta hacia otro modelo de expansión, en Beijing deben hacer frente a un monumental problema: en...