Lame duck, pato renco, dicen los gringos para referirse al presidente que está próximo a dejar el cargo y que por tanto ha perdido el grueso de su poder político. Santos no está en ese período, pero su situación, a más de dos años de entregar el poder, es similar. La prueba inequívoca está en el gabinete “de paz” que acaba de nombrar.
Primero, no pudo encontrar técnicos reputados que le aceptaran los cargos. La prueba está en el Ministerio de Minas y Energía donde, después de ofrecerlo a más de media docena de personajes prestigiosos que declinaron, no tuvo más remedio que designar a un recomendado del Ministro de Hacienda que no es experto en el tema y que tendrá que sudar para domar semejante potro, por mucho que El Niño haya llegado a su fin...