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Ramiro Velásquez Gómez
Columnista

Ramiro Velásquez Gómez

Publicado el 17 de enero de 2020

El peligroso efecto Trump

Si no fuera porque muchas de sus medidas afectan al planeta entero y porque podrían ser copiadas por gobiernos débiles y ambiguos en temas ambientales, lo que hace el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en desregulación de normas de protección ambiental sería asunto interno de su país.

Desde que llegó a su cargo comenzaron las movidas para derogar normas que exigían mayores acciones por parte de la industria de combustibles fósiles y otras como la automotriz.

Así, la legislación sobre calidad del aire y del agua se ha reblandecido para regocijo de empresarios e industrias que aún ven un enemigo en la protección ambiental, que es bien común.

Desde que asumió, ha propuesto la derogación de casi 100 normas de protección ambiental incluyendo el debilitamiento de la protección de especies amenazadas, los límites a las emisiones de plantas de carbón y hasta el bloqueo a la eliminación de las bombillas incandescentes. A esto se suma el retiro del Acuerdo de París para reducir emisiones de gases.

La última medida es la revisión del Acta de Política Nacional Ambiental, para que la construcción de autopistas, puentes, oleoductos y obras de infraestructura no cumplan con estudios ni planes de manejo ambiental.

El debilitamiento del cuidado del entorno lo ha hecho de manera constante, aunque no le ha quedado fácil: hay cerca de 70 demandas a sus medidas desregulatorias y hasta ahora ha tenido éxito en cuatro juicios.

No han valido las advertencias de científicos ni de ambientalistas y políticos. Ha obrado contra las evidencias en clara demostración de que el desarrollismo manda y no lo parará.

The New York Times reveló que de 20 funcionarios claves en varias agencias gubernamentales, 15 hicieron sus carreras en las industrias de petróleo, gas, carbón, química o agricultura y otros tres son reconocidos por luchas de años contra regulaciones ambientales.

Cuatro tienen vínculos con organizaciones que han gastado millones de dólares para desvirtuar el cambio climático.

¿Puede replicarse este ejemplo negativo? No es descabellado pensarlo. Acá, donde los gobiernos juegan a la ambivalencia ambiental (se comprometen en foros internacionales y en el campo interno poco hacen) con frecuencia gobernantes y empresarios, con ayuda de la gran prensa, se lanzan contra regulaciones, sugiriendo que entorpecen el desarrollo y encarecen las obras.

Lo vemos en el fracking, en cuya insistencia tiene que ver el auge en Estados Unidos.

Qué peligro para la vida que el ejemplo de Trump se irradie.

Maullido: el paro prosigue el martes. No al asesinato de líderes.

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