<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 16 de octubre de 2021

El personaje de esta novela

Como la fiesta de Santa Teresa de Jesús fue ayer, 15 de octubre, me atrevo a proponer hoy a los lectores aventurarse en la lectura de sus libros. El resultado puede ser inesperado.

¿Por qué leer hoy a Santa Teresa? Esa es la pregunta, a la que yo respondería (empezando por el principio) que por el valor literario de sus obras. Aun sin motivaciones espirituales o religiosas, leer a Santa Teresa es una fascinante experiencia literaria. Su estilo es coloquial, de conversación. Es desmañada y descuidada. Escribe a vuela pluma, sin tiempo para corregir. De ahí su espontaneidad, su sencillez, su vitalidad. No expone tesis teológicas, no sistematiza, sino que simplemente charla con el lector. Escribe en medio de viajes, enfermedades y dificultades de toda índole y empieza a hacerlo (ella, mujer, en medio del antifeminismo de la época) a los 47 años, sin más preparación que su afición a la lectura. Escribe porque se lo mandan, pero yo creo que, siendo cierta esa circunstancia, lo habría hecho de todas maneras por impulso interior, porque era escritora.

Pero ¿sí vale la pena leer a una autora mística del siglo XVI en este siglo XXI, inmerso como está el mundo de hoy en el ateísmo y el agnosticismo? ¿O como también lo estamos muchos católicos, en una tranquilizante arreligiosidad bautizada, en la que persignamos la mediocridad y le quemamos incienso inútil a un Dios cómodo y lejano?

La explicación, pienso yo, es muy simple. Dios es el personaje de todas sus obras. Ahí radica el encanto y el asombro de la experiencia teresiana, que brota en cada punto de su pluma. Dios como vicisitud diaria, como angustia y alegría cotidianas. Que eso, en el fondo, es la vida de todos. Y eso, tan simple, es la mística, valga decirlo: una novela en la que el personaje central es Dios. Lea a Santa Teresa y lo verá.

Dios puede ser tema de un tratado de teología o de un libro de espiritualidad. O llenar las páginas de libros de devoción. Pero Dios metiéndose a cada instante en la vida de una mujer, hecho presencia palpitante en su pluma, enredado en el polvo de sus sandalias que recorren los caminos de España; Dios hecho búsqueda, lucha, escarceo, angustia, placer espiritual, éxtasis; Dios confundido con los problemas de la época, con los personajes de la época, con los pecados y las virtudes de la época..., ese Dios se vuelve saga en las obras de la santa carmelita.

Después de todo no es tan raro. Desde el ateísmo o desde la mística, la vida no es sino eso: una novela de Dios 

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas