Los economistas de gafas en la punta de la nariz y los que activamos la calculadora mental en la fila de la caja registradora, poco conocemos las fluctuaciones del “gran sistema”. Sabemos que cada cosa que echamos en la canasta tiene un precio, que existen normas no escritas que rigen el mercado... y nuestras vidas.
Hace unos días, en Francia, un grupo de activistas protestó por el sobrecosto de los artículos de color rosado. “Es el precio de ser mujer”, reclamaba. En una de las filas de marras, con mis gafas deslizándose sobre el tabique, comparé el precio de unas Gillette Prestobarba 3: las negras valen $7.180, y las rosadas, $8.760.
El margen de acción: ceder a la presión de la publicidad, llevar la más barata que ofrece el mismo servicio,...