En estos tiempos en los que ya casi nadie escribe cartas, hace tres años me sorprendió recibir una. No tenía sellos postales. Me la enviaron a través de un servicio de mensajería. Cuando abrí el sobre y vi el nombre del remitente, pensé que todo era producto de una equivocación. En su mayor parte, estaba escrita a máquina, pero tenía varias anotaciones a mano.
La carta decía: “Bogotá, septiembre 7 de 2016. Reciba mi más atento saludo. Quiero agradecerle su hermoso escrito en su columna dominical de El Colombiano. Me conmovió hasta el hondón del alma. ¡Mil gracias! Con un fuerte abrazo, Belisario Betancur”.
Hoy he vuelto a leerla, conmovido por la noticia de la muerte del expresidente. Después de repasar sus líneas, me pregunto qué movió a un...