The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 02 de junio de 2018

EL PROBLEMA CON LA POSITIVIDAD CORPORAL

Por Kelly Devos
redaccion@elcolombiano.com.co

Una mañana el año pasado, entré al perfil estudiantil de mi hija para añadir dinero a su cuenta. Me sorprendió que sólo faltaban unos pocos dólares.

Estábamos en el carro cuando toqué el tema con ella. Me dí cuenta de que ella estaba teniendo dificultad para convertir sus pensamientos en ideas. “Mamá”, dijo. “quiero perder peso”.

Paré en el parqueadero de Yogurtland. Nos sentamos en el carro, viendo a la gente ir y venir con helados. Ella confesó que durante la clase de gimnasia, todas las niñas tuvieron que hacer fila y chequear su peso y su índice de masa corporal. Después, varias comenzaron un dieta para perder peso con gaseosa. Mi hija, una adolescente de tamaño promedio, había estado comprando solo una gaseosa dietética todos los días. Llevaba una semana sin almorzar.

Mi hija y yo somos cercanas, entonces mi primera pregunta fue, “Por qué no hablaste conmigo sobre esto?”. Pero ahora sabía la respuesta. El movimiento de positivismo corporal había llegado a nuestra relación.

Soy una mujer gorda. Fui una adolescente gorda. Me tomó muchos años aprender a aceptarme a mí misma, pero acogí la idea de que mi cuerpo era sano en cualquier tamaño. Luego tuve un diagnóstico no relacionado: diabetes tipo 2, y estaba progresando rápidamente. Conectada a un un goteo de vancomicina, discutí con mi médico. “¿Cómo puedo tener diabetes tipo 2? Como frutas y vegetales, camino, hago pilates. Uno puede ser sano en cualquier tamaño, ya sabes”.

“Mire donde está”, dijo enojado, “No es sana en cualquier tamaño. Si no hace grandes cambios, probablemente le quedan 10 años de vida”.

Yo tenía 41 años. Muchas personas en el movimiento de positivismo corporal - del cual me gustaría pensar que soy miembra- creen que el deseo por perder peso nunca es legítimo, porque es una expresión de los estragos sicológicos de la vergüenza por la gordura. Por lo tanto, cualquier discusión pública sobre la salud personal o el tamaño del cuerpo constituye una vergüenza por gordura. Esto recientemente provocó que el fundador de Greatist, un sitio de salud y condición física, escribiera a la defensiva: “Está bien querer perder peso”, en respuesta a las críticas.

Vale la pena anotar que el positivismo corporal es la convergencia de unos cuantos movimientos. El movimiento de aceptación de la gordura fue iniciado en los años 60 por mujeres negras y la comunidad queer para luchar contra la discriminación en espacios públicos, lugares de trabajo y consultorios médicos. La positividad hacia la gordura, más una reacción a la vergüenza por la gordura, y el positivismo corporal, un movimiento de autoestima más comercial, vino después.

El problema con la versión de hoy del positivismo corporal es que se niega a reconocer que ningún manejo es adecuado para todos los escenarios. Un adolescente podría crecer para ser saludable en cualquier peso, y otro podría terminar en la clínica. Dejó a mi propia hija con miedo de acercarse a mí sobre un tema en el cual tengo tanto experiencia personal como conocimiento profesional. Me dejó sintiendo que no podía verbalizar las preocupaciones racionales que tengo sobre la diabetes.

Yo era el tipo “equivocado” de positiva corporal porque me vi obligada a admitir que podía haber serias consecuencias de salud para la gordura. Era el tipo equivocado de madre porque sentí que tenía que apoyar las metas de pérdida de peso de mi hija en lugar de convencerla de lo contrario. Y era el tipo equivocado de escritora porque quería explorar todos los aspectos de este tema en lugar de decirle a las niñas gordas que todo problema puede ser resuelto aprendiendo a quererse a sí mismas.

Ponerle fin a la conversación no va a ayudar. Sólo dejará solas a las niñas en la mesa de almuerzo proverbial en una cultura que envía mensajes confusos sobre dietas, imagen corporal y salud.

Para mi hija y yo, la solución ha sido hablar - aunque sea incómodo o doloroso. Ella no quería crecer para pesar 150 kilos como yo. Yo tampoco quiero eso. Pero también hablamos sobre autoestima y autoamor. Sobre salud y la naturaleza depredadora de la cultura de las dietas. Detuvimos la omisión de comidas. Ella eligió unas comidas más sanas, empezó a practicar un deporte y está teniendo discusiones con un terapeuta.

En mi caso, aún estoy tratando de corregir las cosas. Pero he llegado a sentir que amarse a sí mismo y el deseo de cambiarse a sí mismo son dos sentimientos que deberían poder coexistir en paz.

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