Por Kelly Devosredaccion@elcolombiano.com.co
Una mañana el año pasado, entré al perfil estudiantil de mi hija para añadir dinero a su cuenta. Me sorprendió que sólo faltaban unos pocos dólares.
Estábamos en el carro cuando toqué el tema con ella. Me dí cuenta de que ella estaba teniendo dificultad para convertir sus pensamientos en ideas. “Mamá”, dijo. “quiero perder peso”.
Paré en el parqueadero de Yogurtland. Nos sentamos en el carro, viendo a la gente ir y venir con helados. Ella confesó que durante la clase de gimnasia, todas las niñas tuvieron que hacer fila y chequear su peso y su índice de masa corporal. Después, varias comenzaron un dieta para perder peso con gaseosa. Mi hija, una adolescente de tamaño promedio, había estado comprando solo...