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Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 06 de diciembre de 2015

EL RAPTO DE PAULA NICOLE Y LA TRATA DE PERSONAS

El horrendo crimen cometido contra la niña Paula Nicole Palacios Narváez de cinco años de edad, el 28 de diciembre de 2014, quien residía con su familia en Buesaco (Nariño), es de aquellos que enerva el alma e invita a la reflexión porque hemos llegado a unos niveles de degradación y desesperanza tales, que mal se puede calificar de “humanos” a los seres que cometieron esta canallada.

Ante la indolencia de las autoridades, los pobladores de aquel olvidado Municipio se movilizaron para recoger cinco mil firmas que sirvieran de soporte a un derecho de petición dirigido al presidente, solicitándole que se investigara y reactivara la búsqueda de la menor; además, con un activo papel de la Iglesia Católica local, se realizaron marchas y misas con las cuales se llamó la atención del país entero.

La movilización popular surtió algunos efectos: fueron ofrecidas recompensas elevadas y las autoridades emprendieron sus tareas, cosa que nunca debiera suceder de manera rogada, y los primeros frutos se han visto con la captura de José Germán Paiguatián Isandara quien, convertido en soplón, delató a otros intervinientes en el delito: Erwin David Quintero Martínez, Antonio López, Blanca Digna (¡qué ironía!) López López –al parecer movida por venganzas personales– y Gladys Yolanda Matabajoy.

Pero lo que nadie esperaba, más allá del rapto y la desaparición de la víctima, fue lo dicho por el fantasioso y confeso criminal: ¡A la menor la raptaron para venderla, por 50 millones de pesos, a una supuesta red que trafica con órganos humanos desde Cali y Bogotá! En cualquier caso, más allá de este nuevo y doloroso episodio, está claro que se puede tratar de un delito de trata de personas que, en atención a su carácter de atroz, afecta y daña la dignidad del ser humano en todas sus manifestaciones porque éste se vuelve una mercancía utilizada por redes delincuenciales con fines diversos: abuso, turismo o explotación sexuales; reclutamiento forzado; prostitución; trabajos forzados; matrimonio servil; mendicidad; y extracción y, como aquí, la improbable venta de los órganos de las víctimas.

El artículo 188A del Código Penal castiga estas conductas con prisión de 13 a 23 años y multas entre 800 y 1500 salarios mínimos, que se incrementan en la mitad cuando se tratare de menores de doce años (artículo 188B), todo ello en atención a la prohibición contenida en el artículo 17 de la Constitución Política: “Se prohíben la esclavitud, la servidumbre y la trata de seres humanos en todas sus formas”.

Estos graves delitos (¡y son muchos los casos conocidos!) que deben ser investigados y reprimidos, también se pueden prevenir mediante masivas campañas educativas e informativas, en especial a través de conferencias, talleres y grupos de estudio en colegios y universidades; capacitaciones para funcionarios públicos involucrados (Policía, Fiscalía, Procuraduría, etc.). Así mismo, financiación de organismos que se constituyan para luchar contra el flagelo; identificación, acompañamiento y asesoramiento a las víctimas; plantones, grupos en redes sociales, movilizaciones populares (como en el caso en examen), etc.

Todo ello, de la mano del mejoramiento de la calidad de vida de los colombianos mediante el combate contra la pobreza, la injusticia, la desigualdad y el abandono. En otras palabras, la lucha contra este azote también es de carácter social, económico y político y requiere del compromiso de todos y de las autoridades –no de las que solo se preocupan por su pago mensual o las chequeras corruptas para contratar a los amigos–.

En fin, sería muy importante que los investigadores no se quedaran solo con las capturas de los supuestos “lavaperros” sino que verificaran las explicaciones dadas por ellos; y, por supuesto, que a la mayor brevedad se estableciera el paradero de Paula Nicole quien debe regresar sana y salva al seno de su hogar ahora anegado de dolor.

¡Hoy, diría Fernando Pessoa, todo muere en mí, incluso el saber que puedo soñar!.

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