El Concilio Vaticano II determinó que en la eucaristía, antes de la comunión, cada asistente dé a los demás el saludo de la paz, creando así una atmósfera de transparencia afectiva.
Este rito lleva a cada participante a tomar conciencia de ser un instrumento de paz que compromete todo su ser por tratarse de un regalo divino. La paz es el saludo definitivo de Jesús a sus discípulos, todo ser humano.
El saludo de paz, expresado en la eucaristía, pertenece a la trama de la vida cotidiana. Necesito tener lo que doy. Y sé que doy paz, porque es la planta que cultivo.
Según el evangelio, el que trabaja por la paz es hijo de Dios. Paz y fraternidad van de la mano, hacen referencia a lo más natural de la vida cotidiana, como si cada latido del corazón...