Santa Teresa escribía en las noches robándole tiempo al sueño, momento privilegiado para extraer de la mina del silencio el tesoro de la palabra a la cual traducía lo que le enseñaba “sin ruido de palabras” el Maestro divino.
Juan Pujol cuenta que Emerson fue de América a conocer a Carlyle, quien lo recibió invitándolo a sentarse frente a él, que se sentó junto a la chimenea, y encendió su pipa. Pasaron las horas sin pronunciar palabra. Al amanecer, Carlyle despidió así a Emerson: “Es ésta una de las noches más felices de mi vida”.
En “La Hojarasca” de Gabriel García Márquez leemos: “-Doctor, ¿Usted cree en Dios?... -Es difícil saberlo. -¿Pero no le produce temor una noche como ésta? ¿No tiene usted la sensación de que hay un hombre más grande...